Nacionalidad sólo para descendientes de exiliados republicanos.

enero 12, 2009

Por Juan Pablo Vitali
Nacionalidad para descendientes de brigadistas, valoración de símbolos, exhumaciones, indemnizaciones a las víctimas de la dictadura, etc.  A eso nos tiene acostumbrados el progresismo en España, en Argentina, o en cualquier otro lado del mundo. Una visión absolutamente parcial e ideológica de la historia, sencilla hasta el aburrimiento, porque parece que nadie, absolutamente nadie que haya sufrido violencia de otro signo ideológico, o de otro sector político, tendrá derecho a absolutamente nada más que a los insultos de cualquiera que tenga acceso a una pluma o a un micrófono, de los muchos que están accesibles para eso.

Pero lo más notable es bajo qué conceptos se otorgará la nacionalidad a los nietos de quienes entre 18 de julio de 1936 y 31 de diciembre de 1955 hayan sido exiliados “bajo persecución política o necesidad económica”, según la ley de reparación histórica, cuyo original título se repite a ambos lados del Océano, y supongo que en varios rincones más del mundo.
El concepto en cuestión, podría considerarse basado en el ius ideologicus, el nuevo derecho inventado en clara oposición y en abandono del ius sanguinis, que ha regido a los pueblos de Europa desde tiempo inmemorial.
Parece que si usted es nieto de un exiliado republicano, su abuelo era español. Ahora bien, si su abuelito se ha ido de España por otros motivos o en otras fechas, su abuelo no era español a los efectos de su descendencia, aunque descendiera del mismo Cid El Campeador o del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Eso es discriminación, aquí y en cualquier lado del mundo, pero parece que los campeones de los derechos humanos no se han enterado.
Muy bien, allá va el millón y medio de descendientes de abuelos progresistas, les deseo la mejor de las suertes, en especial, a los seiscientos mil compatriotas argentinos que, con su velocidad habitual, harán cola en los consulados para hacer en España los trabajos que jamás harían en la Argentina.
También a los ciento cincuenta mil cubanos, que sin duda podrán ayudar mucho, porque han sido educados en una ideología avanzada. Si es que el régimen les permite salir, aunque con nacionalidad española no tendrá más remedio que abrirles las puertas del paraíso comunista.
Deseo asimismo que todos aquellos que vuelvan a España sean profundamente progresistas: así aligeraremos un poco la carga de este lado del océano. Después de todo, los que vuelven son todos aquellos que tuvieron abuelos de primera; los de abuelos de segunda tendrán que quedarse, o esperar que deje de regir el ius ideologicus y vuelva a regir el ius sanguinis, algo que parece cada vez más improbable.
Deseo también mucha suerte a los miles de abogados y gestores varios que en este momento están pensando cómo montar el negocio, dada la complejidad habitual de estos trámites.
Suerte también, con las fiestas democráticas que se vienen en el Valle de los Caídos.
Suerte a todos ellos, sobre todo cuando haya que defender Europa.
Quedaremos los descendientes de los conquistadores, que no tendremos nacionalidad española ni ley que nos proteja, pero heredando una sola gota de aquella sangre, será mayor nuestro patrimonio que el de los elegidos de hoy, no por España, sino por los políticos que la gobiernan, para llevarla bien lejos de su destino de grandeza.
Por mi parte, me quedaré donde estuve siempre, donde corresponde a alguien que no es progresista, en la última frontera donde llegó el Imperio Español, mucho antes de su decadencia, cuando la misma ideología que nos dicta este

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REIVINDICAR LA IDENTIDAD NO ES RACISMO

diciembre 16, 2008

                                                                                                  

POR JUAN PABLO VITALI
Cuando el hombre europeo reclama su identidad, se habla de racismo, y cuando todos los demás reclaman su identidad, se habla de la justa reivindicación de derechos conculcados.

¿Por qué esta diferencia?, se pregunta con su exquisita prosa habitual Juan Pablo Vitali.
En el último párrafo da la verdadera respuesta.
 
 
 
“Solo en los ciclos vitales de las culturas particulares, hay una significación profunda.
Las culturas son primero, luego vienen las relaciones. El pensamiento moderno juzga, empero, lo contario.”
Oswald Spengler
 
 
No poseemos ni siquiera el mero fundamento de una cultura, porque no estamos convencidos aún de estar provistos de una vida verdadera en nuestro interior.
 
Friedrich Nietzsche
 
Para mantener una identidad, debe existir el predominio de una cultura históricamente consolidada.
La identidad, es un patrimonio complejo, que recibe influencias y sufre transformaciones provenientes del exterior, o que son inducidas desde su interior, pero permanece fiel al acervo recibido, mientras la comunidad se mire en él, como en un espejo de conocimiento de sí misma.
La aceptación de influencias, está siempre sujeta a una discriminación, a la previa distinción de lo que se considera positivo, y de aquello que se considera negativo.
 
Hay que tener una identidad, para saber qué es compatible con nuestra personalidad, con nuestros valores y los de nuestra comunidad.
No discernir afinidades es no tener cultura.
Sólo cuando una cultura ha llegado a su final Lo igual e indeterminado puede avanzar destruyendo identidades que se forjaron por milenios.
Porque los hombres de una cultura en su etapa final ya no saben qué enriquece y qué destruye, qué fortalece y qué debilita, qué es compatible y qué no lo es. Prefieren no hacer ese esfuerzo, porque han llegado al final de su impulso vital. Cuando el núcleo profundo de una identidad ha dejado de funcionar, ya no hay discernimiento, sino sólo aceptación de lo ajeno.
 
Esa aceptación indiscriminada de lo ajeno, es la base de la ideología dominante.
El estado de anemia y de debilidad cultural también es propio de esa ideología, pero sólo para imponerlo a las grandes culturas, a las que han tenido o pueden tener todavía pretensiones trascendentes. En cambio, se protegen las identidades si son primitivas, o si resultan de ayuda para señalar a las culturas elevadas como opresión retrógrada, oscurantista o racial.
 
Así se dirige la “geopolítica cultural” del mundo. Es una dialéctica simple, que sólo puede utilizarse cuando se ha vaciado a los hombres de criterio y sobre todo –como en la novela de Orwell– cuando se está en posición de cambiar el pasado con total impunidad.
Este proceso afecta profundamente a la cultura europea, porque está dirigido principalmente contra ella, como cumbre de un milenario proceso cultural, producido por un tipo de hombre, comúnmente llamado indoeuropeo.
Esa identidad cultural –la nuestra– ya muy debilitada en la misma Europa, está presente también en toda América, Australia, y aún en África y en Asia, y es la única que podría oponerse, de conservar su fuerza vital y volviendo a sus raíces, a la ideología de la indiferenciación global, porque es la única que ha dado al hombre, en tanto persona, la altura adecuada para enfrentarla.
 
Por eso, cuando el hombre europeo reclama su identidad, se habla de racismo, y cuando todos los demás reclaman su identidad, se habla de la justa reivindicación de derechos conculcados.
 
No cabe duda, la indiferenciación de lo culturalmente superior es uno de los requisitos previos e indispensables para la dominación.
 

Montse, víctima del aborto: “nadie me ayudó: lo importante eran los 60 euros”

noviembre 19, 2008

                                                                                                                                                                   Montserrat abortó en el centro Les Corts de Barcelona el pasado octubre. Ahora sufre un profundo síndrome post-aborto. Vio “los bracitos y las piernecitas” de su hijo en el mismo centro de abortos. No dejó de llorar, no quería abortar. Como todo consuelo la enfermera le dijo que “no te preocupes: en 15 días puedes volver a quedar embarazada”.

ALBA, por Luis Losada Pescador.-  “Los centros de abortos se lucran con el sufrimiento de las mujeres”. Este es el resumen de Montserrat, nombre ficticio de una mujer catalana que el pasado mes de octubre abortó en el centro Les Corts. Montserrat ya es madre de dos hijos y sufre apreturas económicas. Se quedó embarazada del tercero y su pareja no quiso saber nada. “Yo estaba atemorizada porque el padre de mi segundo hijo también desapareció y no quería volver a sufrir lo mismo”.

Así que acudió a Salud y Familia de la Generalitat de Cataluña pidiendo apoyo. “Me dijeron que en mi caso lo que tenía que hacer era abortar; no me dieron otra alternativa”. La administración catalana le dio los cheques verdes con los que se abonan los abortos concertados. “Sólo tuve que pagar 60 euros; fue toda la ayuda que me ofrecieron”.

Escogió el centro Les Corts “porque era el que más garantías me ofrecía”. Montserrat había oído hablar de las irregularidades de los centros de Morín y optó por otro diferente. “Solo me llamaron para recordarme que llevara los cheques verdes“. Acudió con los tristemente famosos cheques. “Entré llorando, yo no quería abortar”. Por supuesto, nadie se preocupó de su llanto. Lo importante eran los cheques verdes y los 60 euros.

¿Cómo fue? “Primero me hicieron la ecografía para confirmar el embarazo y el tiempo de gestación”. La pantalla del ecógrafo no estaba girada -como suele- y Montserrat lo vio todo. “Estaba ahí mi hijo; se le veía perfectamente los bracitos y las piernecitas”. Además, le informaron de que estaba de siete semanas. “No es cierto; yo estaba de ocho semanas; una semana antes yo había estado con mi ginecólogo y me había dicho que estaba de siete semanas, había escuchado su corazón…”. Montserrat se pone a llorar durante la entrevista.

A Montse le dijeron que no se preocupara, que era un conjunto de células. “Pero yo sabía que no es así, que era mi hijo; lo había visto en la ecografía”. Así que siguió llorando. La pasaron entonces a la psicóloga. Montse le contó que estaba muy mal, que no sabía qué hacer, que estaba en tratamiento psiquiátrico, que había tenido dos intentos de suicidio. “La psicóloga me dijo que lo mejor en mi caso era abortar”. Le dio un tranquilizante de acción inmediata. Pero Montse seguía llorando. En el fondo no quería abortar. Pero la presión era mucha. Su pareja le había abandonado.

Pidió entonces ver a su amiga y hermana que le aguardaban en la sala de espera. “Mi hermana me vio y me dijo: ‘Montse, vámonos'”. En el centro no le dejaron marcharse. La pasaron al quirófano. Ella seguía llorando. Pero al personal ‘sanitario’ le siguió dando igual. Ella sabía que estaba acabando con la vida de su hijo, que lo que estaba haciendo “no estaba bien”. Pero les dio igual.

“Noté un pinchazo por abajo”. Eso fue todo. En el cuerpo. Porque el alma quedó tocada. “Estaba angustiada, no quería seguir ahí, sabía que me había dejado a mi hijo ahí”. Así que se marchó sin la preceptiva recuperación. “Apenas estuve una hora en total; me podía haber desangrado, pero les dio igual”. Montse abandonó el centro llorando. Por todo consuelo una enfermera le dijo: “No te preocupes, en quince días podrás volverte a quedar embarazada”.

La angustia de Montse era total. No quería estar en el centro, pero tampoco quería regresar a casa. Se le había hundido el suelo. No sabía dónde ir ni qué hacer. Regresó a casa en metro, sangrando. Desde entonces, llora todos los días por el hijo que no fue. El aborto no ha solucionado su problema social. “Habríamos tirado para adelante como fuera”. Tampoco el psiquiátrico. “Lloro todas las noches y todos los días; tengo miedo porque tengo dos antecedentes de suicidio; estoy fatal”, señala entre sollozos. Padece un claro síndrome postaborto. “Me castigo a mi misma: me pongo a ver videos de abortos en internet”.

Montse sobrevive ahora gracias al apoyo social y psicológico de la Asociación de Víctimas del Aborto. Ahora debe integrar el duelo por la pérdida de su hijo. Tiene que aprender a vivir con el dolor de esa pérdida sin que esa falta le invalide para una vida normal. Y sobre todo, debe aprender a perdonarse. “Yo no voy a la Iglesia, pero el otro día hablé con un cura porque necesitaba hablar con alguien”. ¿Qué le dijo? “Que él me ha perdonado y que Dios me ha perdonado”. Ahora sólo le queda perdonarse a si misma. “Yo no me puedo perdonar; he dejado que mataran a mi hijo”.

Ninguna mujer quiere abortar

Es el desgarrador testimonio de una víctima del aborto. Por supuesto, no es la única. Ni tampoco un caso aislado. “Ninguna mujer quiere abortar”, reiteran desde la Asociación de Víctimas del Aborto. Y es que según los estudios de AVA -corroborados por el ministerio de Sanidad- el 87% de los abortos provocados se explican por la presión o abandono de la pareja. En los casos adolescentes, existe presión por parte de la familia y en los casos de mujeres trabajadoras, ‘mobbing maternal’: discriminación laboral de la embarazada por el hecho de estar embarazada. Conclusión: no es verdad que la práctica del aborto sea libre.

En cambio, la única certeza es que los centros de abortos parecen más preocupados por la cuenta de resultados que por la salud de las mujeres. El caso de Montse es de libro: sus lágrimas evidenciaban la ausencia de voluntad; su abandono sin tratamiento, la despreocupación de los centros de abortos por su salud. El cinismo se hace patente cuando por una parte le dicen que se trata sólo de unas células y por otra le tratan de tranquilizar diciéndole que “no se preocupe” porque en 15 días podrá volver a quedar embarazada. Es la dura realidad del aborto en España. Ese que se quiere ampliar todavía más. ¿Qué les dirías a los diputados que trabajan en la subcomisión para reformar la Ley del Aborto? “Por favor, que no lo legalicen; no saben el sufrimiento de las mujeres que está detrás; los centros de abortos sólo quieren lucrarse con el sufrimiento de las mujeres”.


LOS AMOS DEL MUNDO

noviembre 17, 2008

                                                                                                                                                                  Artículo del escritor Arturo Pérez-Reverte publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998, es decir, hace exactamente 10 años, en el que “vaticina” el derrumbe del sistema financiero mundial y alertaba con su particular estilo literario, del peligro del neoliberalismo especulativo y depredador.


Arturo Pérez-Reverte

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.


EL DISPUTADO VOTO DEL SEÑOR DON INMIGRANTE

septiembre 6, 2008

Hoy en la prensa he visto como ya se a abierto una comisión para posiblemente reformar la ley electoral, cosa que creo que todos consideramos muy necesaria aunque me pregunto si nuestros actuales “representantes” estarán a la altura.

Una propuesta que me ha causado cierto desazón es la de conceder el voto a los inmigrantes. Siempre he pensado que el voto debe ir ligado a la nacionalidad no a las caprichosas decisiones de un gobierno demagógico. Si los inmigrantes no tienen derecho al voto es justo porque lo tienen reconocido en su país de origen.

Podemos imaginar mayor desfachatez que un marinero mercante tuviera derecho de voto en todos los países donde desembarca. La nacionalidad es la base jurídica de las constituciones europeas e incluso del derecho algo que los partidarios del mundialismo parecen olvidar.

Igual de preocupante es que el principal partido de la oposición haya dado su apoyo entusiasta a esta nueva chapuza del gobierno. Más que una oposición el PP post Congreso de Valencia en esta materia no pasa de ser un colaborador necesario para la realización de un atentado contra la nacionalidad española que debe valer bien poco para nuestros políticos.

No es que niegue a los inmigrantes un derecho democrático, es que ese derecho lo deben de ejercer en su país de origen. ¿Esto me convierte en un xenófobo o/y un racista?


DECEPCIONANTE

agosto 31, 2008

Hemos podido ver a Mariano Rajoy en la entrevista que le hace hoy El País.

Vemos cual es la línea a seguir por el PP tras el nefasto Congreso de Valencia, un PP que no aspira a ganar si no a que el PSOE pierda, un PP que no aspira a un debate ideológico si no a esperar que le llegue el turno en el sistema impuesto por Zapatero, el problema que igual se puede quedar en la oposición muchos, muchos años…

Es increíble la capacidad que tiene los políticos para vivir de espaldas a la sociedad. ¿Qué le hace pensar a la directiva del PP que si cambia los principios va a conseguir que le voten los que nunca le han votado? Igual es esa seguridad que tienen al creer que tienen cautivo el voto de la derecha social y por ello se pueden dedicar a hacer experimentos para intentar captar el voto de la izquierda. La verdad que no lo se, solo se que este PP cada día me decepciona más.

Lo último de Basagoiti, líder del nuevo PP vasco, sale en defensa de Concierto Económico Vasco y que se enfrentará al Gobierno si hace falta… Lo dicho el nuevo PP del centro reformista y de los reinos de Taifas.


La derecha social y la derecha política

agosto 26, 2008

Se podrá dudar sobre sus dimensiones, pero es indudable que en España existe un sector que podemos definir como de derecha social. Los hombres y las mujeres de la derecha social española comparten unos conceptos específicos sobre el sentido de la vida humana, sobre la familia, sobre la libertad, sobre la justicia, sobre el Estado. Y estas concepciones básicas nos distinguen de las personas de izquierdas quizás hasta con más intensidad que en otras naciones, no tanto por ser la derecha española peculiar si no por los aire extremista y marxista que conserva la izquierda española. La mayoría, quizás, aun no sepa exactamente en qué consiste el sentido profundo de estos conceptos y criterios. Pero intuye, o presiente, que respetándolos y ajustándose a ellos, se podrá alcanzar el bienestar, la paz y la libertad a la aspiramos.

Hoy por hoy, en España la actitud de la derecha social es de mera expectación ante la derecha política en un complejo clarooscuro, con más sombras que luces. Si la derecha política sirve para solucionar los problemas sociales y económicos, nadie la va a apoyar con tanto ahínco como la derecha social. Pero si la derecha política no da soluciones claras a los problemas, las actitudes pueden cambiar. Hablamos de una derecha política que no este divorciada con la realidad social si no que la conociese y por conocerla defendiese los principios y valores que representa. Si la derecha política se aleja de estos principios y valores por su eterno complejo con la izquierda tarde o temprano se producirá el divorcio entre la clase política y la derecha social.

Una derecha social que aspire a vertebrar un sector de la sociedad española de cara al siglo XXI debe ser mucho más que unos planteamientos de política económica. Debería ser un proyecto de para una nación que defienda una concepción del hombre, de la familia, del Estado, de España. Un proyecto cargado de ideales, capaz de entusiasmar a los jóvenes y de rejuvenecer viejos escepticismos. No deber ser, no debe volver a ser una vieja derecha de intereses, sino una nueva derecha de ideas.