LA VENDA EN LA HERIDA

Por Juan Morote

Se augura una herida sangrante en el Partido Popular tras el eslalón electoral que tiene que afrontar en el primer semestre. El mordacero Rajoy parece haber aceptado, a beneficio de inventario, este calendario dando por perdidas las elecciones gallegas y las vascas. Para tratar de salvar su pellejo político, amén de querellarse contra todo aquel que no le aplauda e inciense, ha vuelto su mirada hacia aquel sector del PP del que no quiere saber nada desde el Congreso de Valencia.

En este caso, ha posado su vista en Jaime Mayor Oreja, quien representa la cara más coherente del PP. Se trata de un candidato intachable por casi nadie. Otra cosa bien diferente son los motivos que han llevado a Rajoy, el mordacero, a desempolvar al exministro del Interior. La elección de Jaime Mayor viene determinada por un cálculo de supervivencia, no por un giro político.

Rajoy sabe que su mensaje no es capaz de movilizar a su electorado, su contenido es tan fatuo que más del 10% de sus votantes prefieren votar una opción laicista y de izquierdas, como es UPyD, antes que lo que él encarna. El PP perdió las pasadas elecciones gallegas por un solo diputado, presentando a un candidato veterotestamentario, por no decir cretácico, y aún así y con la que está cayendo, Rajoy no se ve con capacidad para recuperar la Xunta.

En el País Vasco, la situación es todavía peor desde el “maricidio”, o sea, desde la liquidación política y la humillación personal de María San Gil a manos del secuaz Lasalle. A partir de entonces, el PP del País Vasco anda buscando su sitio. Si bien sigue siendo lo más decente del panorama electoral vasco, no es menos cierto que no es lo que fue, ni lo que pudo haber sido si María siguiese al frente.

En ambos escenarios, Rajoy solo confía en el empeoramiento económico de la situación de aquí a marzo, para que sus votos se vean incrementados. Esto podría producirse si el PP hubiera planteado una batalla seria sobre cómo afrontar la crisis económica, pero habiendo adoptado una posición seguidista y acrítica con los disparates del Gobierno, parece poco probable que el votante normal vea al PP como la solución a la crisis, al menos por el momento.

Nombrando a Jaime Mayor ha querido ponerse la venda antes de que se produzca la herida, pero Rajoy lleva ya demasiadas derrotas y, lo que es peor, ninguna victoria. Su credibilidad como cartel electoral es inexistente, ni sus parientes confían ya en su futuro político. Ha buscado en Jaime Mayor un chivo expiatorio de la presumible derrota o de la victoria pírrica en las europeas. Aunque el tema tiene una segunda derivada, el mal resultado no sólo precipitará la salida de Rajoy, sino que permitirá que Gallardón dispute la sucesión con el ala seria del PP gravemente dañada. La situación de este partido es más preocupante de lo que se atisba.

La opción del mordacero de ayuntarse con Arriola y Gallardón lo convierte en el protagonista de aquellos versos de Darío:

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

Los nombres y apellidos de los personajes póngalos, al menos hoy, el lector.

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