La estrategia de la derecha. Llevar la contabilidad de la izquierda

GEES

Esto es algo que tanto la derecha política como la cultural debieran no olvidar nunca. Cuando la izquierda llega al poder, arruina el país, y eso con suerte. En el peor de los casos acaba arruinando la democracia. Si algo muestra la historia del siglo XX es que en el mejor de los casos la gran familia de la izquierda genera pobreza y corrupción, y en el peor, crímenes y deportaciones.En España empieza a ser normal que la derecha recoja un Estado arruinado, lo sanee y convierta el poder en algo neutral, aséptico y vacío de contenido. Culturalmente, evita hacer política, a diferencia de sus rivales izquierdistas. Estos, por el contrario, pueden arruinar al Estado, pero lo hacen llevando a cabo agresivas políticas de adoctrinamiento político y cultural. Es decir: cuando la izquierda pierde las elecciones, deja las arcas públicas en la ruina, pero deja también a la sociedad un poquito más hacia la izquierda de cómo la encontró. Y el proceso vuelve a ponerse en marcha con cada cambio de gobierno.

Lo ocurrido en los últimos años muestra lo peligroso de reducir la política a economía. En 1996, la derecha heredó un Estado arruinado económicamente. Gestionó y administró como sólo ella sabe hacerlo. Pero si arregló los estropicios económicos del PSOE, no hizo lo mismo con los destrozos culturales e ideológicos. Renunció a hacer cultura liberal-conservadora, a educar, a comunicar sus principios. Esto lo dejó intacto. Sólo tuvo que llegar Zapatero en 2004 para recuperar y profundizar la política cultural, moral y social que González dejó en 1996. Eso sí, con el dinero ahorrado y acumulado por el Partido Popular. Dinero a mansalva para que la izquierda lo derroche en políticas proabortistas, antinacionales y anticristianas.

La conclusión es que la derecha no puede esperar a que la izquierda arruine al país para aspirar al poder. Y tampoco puede gobernar sólo con criterios de eficacia económica. Lo que la izquierda sabe es que con la sociedad convenientemente pedagogizada, las penurias económicas parecen menos, no lo parecen o encuentran en Bush al enemigo. ¡No es la economía, estúpidos! Es la cultura, la moral, lo que hace perder o ganar elecciones. Por eso una sociedad ya en parte presa de los valores de la nueva izquierda -pacifismo, hedonismo, relativismo, hipersexualismo, estatalismo- se hizo el harakiri económico en marzo de 2008 votando a quien manifiestamente es incapaz de enfrentarse a la crisis económica.

Por eso, a la derecha sanear la economía no le debe ser suficiente. De nada valen a los intereses liberal-conservadores recoger una economía en ruina, sanearla y dejarla de nuevo en plenas condiciones para que la izquierda vuelva a adoctrinar con las arcas llenas.

Dos son las prioridades que debería tener el Partido Popular de ahora en adelante. En primer lugar, aceptar que la economía es sólo parte de la política. Puede ser la clave para acceder al poder en determinadas ocasiones, pero a efectos históricos, resulta suicida reducir el liberalismo a gestión económica y olvidar que determinados valores deben ser enseñados, publicitados y comunicados.

En relación a las ideas, la derecha debería enfrentarse, desde la oposición, sin miedo y sin remilgos, al izquierdismo moral y cultural, a sus supuestos históricos, antropológicos, filosóficos o éticos. Está bien sanear la economía; esta mejor demostrar a los ciudadanos que el proyecto propio, para España y Europa, es superior moral y políticamente al izquierdista. Lo que hace falta no es una derecha que ponga en orden la contabilidad de la izquierda cuando ésta se marcha del poder, sino una derecha que proponga una cultura y una moral no sólo alternativas, sino simétricas a las de la izquierda. La derecha no es superior a la izquierda por su tratamiento económico, sino que su tratamiento económico es consecuencia de ideas superiores.

En segundo lugar, no hay motivo para no enfrentarse abiertamente, no sólo a determinadas ideas, sino aquellos auténticos poderes fácticos que las sostienen y expanden. Es hora de enfrentarse a la potente maquinaria de difusión ideológica de la izquierda. No como ésta hace cuando llega al poder, mediante la purga, la persecución y el cierre de medios, sino con la ley en la mano y la igualdad de todos ante ella. Los aliados más poderosos de la derecha son la libertad de mercado y el respeto a la ley en el sector audiovisual. Acabar con el pesebrismo de la izquierda y tratar a todos por igual, sin miedo al qué dirán en El País o La Sexta es la asignatura que la derecha deberá aprobar en el futuro. Y es que la experiencia demuestra que, en igualdad de condiciones, la derecha tiene una vitalidad y un ímpetu superior a la izquierda.

Gran parte de la crisis que arrastra el Partido Popular proviene del hecho de que la derecha tiende a comportarse simplemente como la contable de la izquierda. Pues bien: un proyecto de futuro deberá superar esta visión reduccionista de la política. Porque esperar sentados a que el PSOE arruine España para sanearla y sin más proyecto que el económico será pan para hoy y mucha más hambre liberal-conservadora para mañana. Y este proyecto puede empezar perfectamente a construirse desde la oposición.

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