El espinoso asunto del aborto y el silencio cómplice de los partidos

Marzo 15, 2009

Por Eduardo Arroyo

En marzo de 1970, el presidente Richard Nixon firmó una ley estableciendo la “Commission on Population Growth and the American Future”, más conocida como la “Comisión Rockefeller”, por estar presidida por John D. Rockefeller III. Esta comisión presentó un informe un par de años después que se conocería como “Rockefeller Commission Report on U. S. Population”. Las directrices ahí establecidas serían una especie de ley no escrita para la totalidad del planeta, especialmente para el mundo occidental. En la segunda parte del texto, en el epígrafe del aborto, se decía que “con la advertencia de que el aborto no puede considerarse el principal método de control de la fertilidad, la Comisión recomienda que el presente estatus jurídico de restricción del aborto sea liberalizado de acuerdo a las directrices del estatuto de Nueva York, de modo que el aborto sea realizado a petición, por médicos cualificados y bajo condiciones de seguridad sanitaria. Para llevar a cabo esta política, la comisión recomienda que los gobiernos locales, federales y estatales dispongan de fondos para la prestación del aborto en estados donde se haya liberalizado y que el aborto sea incluido específicamente entre los beneficios de los seguros médicos tanto públicos como privados”. Tras este informe la política norteamericana en torno al aborto giró ciento ochenta grados y la sociedad de aquél país, a través de medios de comunicación y de los políticos que actuaban de portavoces, comenzó a considerar el aborto, no como una práctica médica censurable, sobre la que en el mejor de los casos cabía la reserva ética, sino como un “derecho”. Tácitamente, el debate planteado se fue poco a poco situando, como en los países europeos, en dos planos claramente diferenciados: uno hacía del aborto una cuestión ética a discutir desde posiciones filosóficas por los profesionales sanitarios. Otro, en cambio, obviaba este debate para plantearlo desde el punto de vista de los “derechos”. Así, el aborto no liberalizado era un “derecho” que se estaba denegando a las mujeres, secularmente oprimidas por “el patriarcado”. Como consecuencia, dentro del ámbito de la lucha política se ha silenciado casi por sistema la posición anti-abortista centrada en la cuestión de dónde está la vida humana, de modo que los sectores “progresistas” hacen aparecer a los “conservadores” antiabortistas como enemigos de “los derechos de las mujeres”. En la época de la libertad como propaganda, hay solo una delgada línea entre el que niega derechos y el estereotipo del dictador, opresor, “fascista”, etc. El entorno ideológico creado por la propaganda “progresista”, que cuelga etiquetas de “buenos” y “malos” según conveniencia, hace el resto. Pese a que las cosas han salido bastante redondas para los defensores del aborto –por ejemplo, las cifras del Ministerio de Sanidad revelan el aumento meteórico de los mismos desde la aprobación de la ley en nuestro país- salta a la vista la estrategia de debate puramente ideológica, oportunista e interesada, conducida por los defensores del aborto. Sería necio negar que cuando no se ha mantenido el debate sobre el papel central de a vida humana y cuando ni siquiera se ha resuelto esta cuestión, no puede pasarse racionalmente al nivel de los “derechos”. Hay algo oscuro en todo este asunto que queda incluso más allá de la perversión del asesinato impune de inocentes. Y es que no puede deslindarse el problema del aborto en sí de la incidencia social de este fenómeno, de su incidencia en la demografía de la comunidad. Así, en los países occidentales el aborto, caso extremo de las políticas antinatalistas propias del patológico individualismo liberal, tiene el efecto de limitar primero y disminuir después la tasa de renovación generacional de la población. Una sociedad que no se renueva ni crece sencillamente no es viable ni desde el punto de vista económico ni desde el punto de vista histórico. Esto, obviamente, no implica una consideración puramente economicista del fenómeno del aborto y tampoco implica soslayar la gravísima cuestión moral. Simplemente se pretende apuntar que el aborto es un tema de enorme calado y no exclusivamente una cuestión de ética individual. La consecuencia primera es que para mantener las “prestaciones sociales” los políticos se ven abocados a renovar a los no-nacidos con inmigrantes que, claro está, por su condición consustancial de precarios carecen de los esos mismos “derechos” que se reivindican. La situación así generada se normaliza y ya no vuelve atrás. La reclamación de esos derechos por parte de sindicatos y partidos de izquierda –totalmente domesticados y al servicio del poder- no puede evitar la precarización progresiva de los trabajadores asociada a una demografía que implosiona cada vez más. De este escenario deben deducirse dos conclusiones. Primero, que la discusión en torno al aborto está claramente sesgada en un sentido interesado, e interesado al más alto nivel. Segundo, que el bando “progresista” está llevando a cabo una política en torno al aborto en evidente consonancia con los intereses del capital global; una línea que, dicho sea de paso, es la misma que recriminan a los partidos supuestamente conservadores. En este sentido, es preciso subrayar que puede hablarse de políticos concretos comprometidos con las tesis anti-abortistas pero partidos políticos, lo que se dice “partidos políticos”, no hay ninguno. Por último, cabe añadir, a modo de corolario, que la comisión de “expertos” recientemente designada por un personaje como la ministra Aído, símbolo claro de la degradación de la clase política española, no es sino una parodia de lo que debería ser un debate realmente serio y evidencia el grado de decadencia intelectual del entorno académico. Así, la lucha contra el aborto es una lucha en contra de la visión economicista de la vida humana que reina sin discusión a un lado y otro del espectro político; se trata de una lucha por la visión del mundo. Por todo ello, si algún “apestado” de los tiempos que corren –de esos que el entorno “progresista” estigmatiza con la cantinela ridícula de la “extrema derecha” y que erizan el vello de nuestros hipócritas neo-censores- adujera argumentos como los que aquí presentamos, es posible que los medios pudieran relegarle una vez más al ostracismo radical, tal y como suele ocurrir. Pero solo eso salvaría a un puñado de ignorantes al servicio del poder de atacar argumentos que ponen a cada uno en su sitio. Muchos creemos que, como ha dicho hace poco Pedrojota Ramírez, “al final la racionalidad siempre se abre camino”.


“Diversidad”: cómo nos venden la moto más cutre de todo el desguace

Marzo 5, 2009

Por Eduardo Arroyo

Uno de los conceptos más defendidos hoy por la ideología dominante es el de “diversidad”. Sin apuntar una sola prueba, muchos suponen que “la diversidad nos enriquece”. Incluso algunos llegan a felicitarse de que nuestros países sean cada vez más “diversos”. A menudo se cita el ejemplo de los Estados Unidos, donde parece no importar el origen de los ciudadanos de aquél país. De aquí se sigue que, como los Estados Unidos es el modelo en el que se mira el mundo occidental en general, la prosperidad económica y la “diversidad” son compatibles. Luego se va más allá y se añade que la prosperidad es consecuencia de la “diversidad”. Pero ¿qué razones hay para entronizar este nuevo mito? En nuestra opinión se trata más bien de una imposición ideológica interesada, antes que de una conclusión deducida a partir de datos históricos. Desde los orígenes, y siguiendo con el ejemplo de Norteamérica, el eslogan e pluribus unum –de muchos, uno- hacía recaer la fuerza en la unidad, no en la diversidad. Patrick Henry, prócer de la Revolución Americana y célebre por su discurso Give me liberty or give me death (Dadme la libertad o dadme la muerte), afirmaba en aquellos turbulentos días: “La distinción entre los naturales de Virginia, Pensilvania, Nueva York o Nueva Inglaterra ha dejado de existir. No soy un virginiano sino un americano”. Esta afirmación, tan simple, implica que para los fundadores de aquél país la identidad nacional debía comprender las identidades locales para que la nación fuera viable. Advertencias como esta evidenciaban ya que los Estados Unidos eran y son un mal ejemplo para cantar las alabanzas de la “diversidad”. En 1789, los Estados Unidos eran en un 99% protestantes y siguieron siéndolo hasta 1845, en que llegaron los irlandeses. Durante la ola migratoria de 1890-1920, los inmigrantes eran en un 90% europeos y el resultado fue una sociedad que era asimismo europea en más de un 90%. Está nación ha desaparecido ya porque la pasada semana supimos que 10,3 millones de inmigrantes –casi todos del tercer mundo- han entrado en los Estados Unidos en los últimos siete años, más de la mitad de manera ilegal. El resultado es que las minorías han pasado a ser un tercio de la población del país cuando a principios del siglo XX eran un décimo. La pregunta es: ¿Son ahora más fuertes los Estados Unidos por ser más “diversos”? Cuando las minorías superen en porcentaje a la población angloamericana de origen protestante que construyó los Estados Unidos, la fuerza de este país no será sin duda el idioma, porque se hablarán otros tantos aparte del inglés y cada uno reclamará su derecho a la oficialidad. Tampoco lo será la religión, porque habrá musulmanes y cristianos no europeos, con las enormes diferencias de culto respecto de sus correligionarios europeos. Incluso dentro de los mismos cristianos, la “diversidad enriquecedora” ha conducido a notables diferencias de criterio en temas como el aborto, las uniones homosexuales, el suicidio asistido, la investigación con células madre, etc. Por supuesto, como sucede en otros países occidentales, los Estados Unidos son un país en guerra con su propia historia, en el que se cuestiona casi a diario los fundamentos nacionales, la historia del país y los héroes que la hicieron posible. Esta progresiva disgregación de criterios y opiniones hace que la unidad nacional deje de ser viable. Pero por supuesto, no son el único caso: en la antigua Unión Soviética y en el bloque del Este, la diversidad real –ninguneada por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial- se cobró su venganza de manera cruenta y hoy son 22 naciones diferentes. La diversidad lingüística amenaza con destruir Bélgica y en Asia ha fragmentado Pakistán y Bangla Desh respecto de la India lo mismo que ahora amenaza con hacer trizas Irak. Además, ¿es Alemania más fuerte por albergar en su seno a siete millones de turcos inasimilables? ¿Está más unida Francia por tener ocho millones de musulmanes que ni la sienten ni se ven reflejados en una historia que no es la suya? En suma, ¿podemos decir ahora que la “diversidad enriquece”? Examínese la historia de la postdescolonización, hágase balance global de todos los casos analizados y se comprobará que la “diversidad”, lejos de ser enriquecedora, es casi siempre un instrumento terrorífico de genocidio cultural y étnico, como lo fue para los indios de Norteamérica la llegada de la diversa emigración angloholandesa. Toda nación, para subsistir, necesita homogeneidad de creencias y de orígenes, pero el caso es que, en nombre de la “diversidad”, estamos asistiendo a la deconstrucción de Occidente sobre la base de la imposición de un mito ideológico. ¿Qué intereses oscuros hay en ello?


¿Es Rosa Díez la alternativa al PP o hay otra derecha posible?

Enero 29, 2009

Por Oscar Rivas en Minuto Digital.

Definitivamente es el nuestro un país paradójico. Resulta que el tradicional votante del PP está rebotado. Cierto es que no es la primera vez. Que ya antes se habían vivido situaciones tensas entre la derecha social y su referente político; momentos en los que aquella se sintió tan distanciada del PP que se vio tentada por la abstención. Pero nunca llegó la sangre al río. Esta vez, sin embargo, parece que la cosa va en serio; que una parte de la derecha social votará, pero no al PP. Lo hará- y he aquí la paradoja- por Rosa Díez. Indudablemente, al votante de derechas le sobran los motivos para no respaldar electoralmente al PP. Primeramente, porque el PP no es un partido de derechas. Ni lo es ni pretende serlo. No ya porque su cúpula dirigente repudie la etiqueta con la misma frecuencia y orgullo con los que proclama su centrismo. Sino porque sus convicciones -si es que las tienen- distan años luz de aquellos principios que sustancian el pensamiento conservador. La verdadera derecha, por ejemplo, es firme defensora del derecho a la vida. Así, nunca podría respaldar con su voto -como hicieron recientemente algunos eurodiputados del PP- el aborto y la eutanasia. La unidad de España es otra cuestión irrenunciable para cualquier derecha que se precie. Pero ¿qué opina el PP a este respecto? Depende de dónde y de cuándo. Denuesta la perfidia del nacionalismo excluyente que desgarra la nación, pero cuando se acercan las elecciones deja caer la posibilidad de pactos con sus versiones más extremistas ¿No fue Esperanza Aguirre quien abriera las puertas a un posible pacto con el BNG? Si hablamos de libertad de educación, tampoco sabemos a que atenernos: hay comunidades gobernadas por el PP donde la asignatura de Educación a la ciudadanía se hace exigible, y otras en las que, por el contrario, se promueve la objeción de conciencia. En materia lingüística, la cosa no es menos preocupante. En Cataluña y Galicia, a fin de ganar votos -que, por cierto, nunca gana- el PP ha terminado por consentir, e incluso respaldar, el gravísimo proceso de aniquilación al que es sometido el castellano; un atentado contra las libertades individuales más básicas, pero también contra la propia identidad de la nación española. Y ya que hablamos de identidad ¿qué decir de la pasividad con la que el PP asume el destrozo social ocasionado por la política inmigratoria más extremista de Europa? Sus perniciosas consecuencias ya se hacen visibles, pese a lo cual, desde las filas del PP no falta quien, rebasando las posiciones de la izquierda, propugna el derecho a voto del inmigrante. Y así podríamos continuar hasta la extenuación. La realidad es que el PP ha abandonado el discurso propio de una formación conservadora para entregarse con todo su equipaje a las ideas de la izquierda. Hasta ahora le había salido gratis. Acostumbrada a contar con la inquebrantable lealtad de una derecha social a la que no ha dejado de despreciar, el PP creyó ver en su voto un cheque en blanco; al punto de servirse de él para conculcar los valores que aquella representaba. Durante años esta actitud abusiva no encontró respuesta. Hasta hoy. Si tuviéramos que acogernos a un símil, se diría que la relación entre la derecha social y el PP se asemeja a la de aquellas parejas asimétricas en las que un cónyuge se entrega al otro sin obtener de éste otra respuesta que su desprecio. Transcurre el tiempo y el desprecio desemboca en los malos tratos, hasta culminar en el adulterio. El cónyuge enamorado aguanta resignado lo que lo que le permite su amor, hasta que un buen día una gota rebosa el vaso y termina por divorciarse. Algo parecido le ha sucedido a la derecha social con el PP. Hastiada del comportamiento adúltero del PP, la derecha social ha decidido poner punto y final a su relación.. Es una decisión comprensible. Cierto que debiera haberla tomado antes, cuando el adulterio y los malos tratos se hicieron insostenibles. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Lo que ocurre es que ha vuelto a equivocarse de pareja. Rosa Díez debe ser la natural y deseable alternativa para una izquierda que, ha tiempo perdió su vocación nacional pero ¿cómo podría erigirse en una alternativa para la derecha? Que ésta pueda siquiera pretenderlo equivaldría a suscribir su propio epitafio. Nadie puede negar que a la exdirigente del PSOE le sobra el coraje político que le falta al PP, pero no por ello deja de ser una política de izquierdas que, como tal, promueve propuestas y convicciones de izquierda. Defiende la unidad de España, cierto, pero también el aborto, la eutanasia, la inmersión lingüística, la educación para la ciudadanía y, en general, todas aquellos postulados que tradicionalmente fueron propios de la izquierda. Es natural que la derecha social se muestre desorientada. Tras muchos años de amor no correspondido, en los que el PP fue su único referente, llevada por su despecho cree haber encontrado en Rosa Díez el amor verdadero. Se equivoca. Quizá pueda servirle como improvisado pañuelo de lágrimas. Pero cuando se detenga a reflexionar se dará cuenta de que su relación con UPyD nunca pasará de ser un rollito de fin de semana, del cual solo se beneficia la izquierda. La derecha social debe dejar de engañarse. Debe tomar conciencia de que si anhela un proyecto de largo alcance este solo puede encontrarlo a través de una opción de largo alcance. Una opción que corresponda a su voto con la defensa integral de sus convicciones conservadoras, y lo haga sin complejos ni matices. Si el PP no da respuesta a sus preguntas, tiene sentido que busque nuevo horizontes para encontrarlas. Pero, no las hallará en la izquierda. España es uno de los pocos países europeos en los que la derecha conservadora no se halla representada. Quizá sea el momento de acabar con esta excepción. Basta con tener coraje y virar el timón a la derecha. Más allá del PP.


Alejo Vidal-Quadras mentiroso demagogo.

Enero 24, 2009

Alejo Vidal-Quadras mentiroso demagogo. Tras votar a favor del aborto en toda Europa nos viene con cuentos sobre la regeneración moral…  Hipocresía del nuevo PP de cara  a las elecciones europeas. Trascribo este artículo sacado de MD.

Alejo Vidal-Quadras no necesita abuela. En un artículo publicado ayer en La Razón se postula a sí mismo como sucesor de Rajoy al proclarmar que España necesita un “Alejandro” que traiga la regeneración ética. O sea él.

El artículo de marras se titula “El nudo gordiano” y fue publicado ayer en la “Tribuna” de La Razón. La frase textual, que el propio periódico resalta como un resumen, es la siguiente: “Necesitamos, sin demora, el Alejandro que corte el nudo gordiano de conformismo, relativismo, electoralismo, anomia e indolencia que nos atenaza y se lance al ruedo de la regeneración ética y de la dinamización económica de una nación desorientada y dividida”. Como se puede apreciar, el tono es el de un manifiesto y el mensaje  de una demagogia apocalíptica que mezcla lo espiritual con lo material, la moral con la economía y el famoso “Españoles, la patria está en peligro” del alcalde de Móstoles con la autoproclamación mesiánica. El hecho de que ese mesías sea un “Alejandro” (nombre de origen griego que no es más que una variente de Aleix y de Alejo o viceversa)  sólo puede interpretarse como una “cuña subliminal” absolutamente intencionada para darse autobombo o como un  “lapsus” producido por una indisimulada ambición de poder.

Pero no se detienen ahí las sorpresas que ayer nos tenía reservadas ese diario madrileño y este “regenerador nato” y “singular” que es Aleix Vidal-Quadras. Si en la página 34 aparecía  semejante  pieza magistral de “humildad personal” y “clarividencia política”, en la página 3 vuelve a ser Aleix Vidal-Quadras protagonista de la actualidad al contarse entre los once eurodiputados del Partido Popular que han votado la pasada semana una resolución del Parlamento Europeo a favor de considerar “derechos fundamentales” el aborto, la eutanasia,  el matrimonio homosexual y el consumo de drogas. La cercanía  de ambas noticias hace suponer que la “regeneración ética” que postula con verbo ciceroniano el “aléxico” europarlamentario  (“alexia” significa ceguera verbal) pasa por la defensa y protección de todo esos “derechos” votados tanto por él como por aquel deslumbrante fichaje del propio Aznar que fue la ex ministra de Cultura Pilar del Castillo.

La conclusión que sacamos después de dar habida cuenta de estas dos coherentes noticias de nuestro prohombre es que el Alejandro que puede salvar a España de caer en el abismo quizá sea Alejandro Sanz o Alejandro Agag, pero no Alejandro Vidal-Quadras ni Alejo Vidal-Quadras ni Aleix Vidal-Quadras, como al parecer gusta él en desdoblarse y no sólo ortográfica sino también éticamente.


El PP, por el aborto en toda Europa.

Enero 21, 2009

Según informan Fórum Libertas y el blog de Carlos Martínez-Cava, los eurodiputados españoles del Partido Popular han votado mayoritariamente una resolución de la cámara de Estrasburgo por la que se pide que el aborto sea considerado un derecho fundamental en la Unión.

La resolución también se refiere al reconocimiento de los llamados “matrimonios” homosexuales y que se dé mayor facilidad en la despenalización de las drogas estupefacientes.

Salvo un honroso “no”, de diputados como Jaime Mayor Oreja, Carlos Iturgáiz Angulo, o Luis Herrero Tejedor, además de otros cuatro, hubo once eurodiputados que apoyaron el aborto, como Alejo Vidal Quadras (uno de los vicepresidentes del Parlamento), Méndez de Vigo o Carmen Fraga (hija del ex presidente Fraga Iribarne).


LA VENDA EN LA HERIDA

Enero 7, 2009

Por Juan Morote

Se augura una herida sangrante en el Partido Popular tras el eslalón electoral que tiene que afrontar en el primer semestre. El mordacero Rajoy parece haber aceptado, a beneficio de inventario, este calendario dando por perdidas las elecciones gallegas y las vascas. Para tratar de salvar su pellejo político, amén de querellarse contra todo aquel que no le aplauda e inciense, ha vuelto su mirada hacia aquel sector del PP del que no quiere saber nada desde el Congreso de Valencia.

En este caso, ha posado su vista en Jaime Mayor Oreja, quien representa la cara más coherente del PP. Se trata de un candidato intachable por casi nadie. Otra cosa bien diferente son los motivos que han llevado a Rajoy, el mordacero, a desempolvar al exministro del Interior. La elección de Jaime Mayor viene determinada por un cálculo de supervivencia, no por un giro político.

Rajoy sabe que su mensaje no es capaz de movilizar a su electorado, su contenido es tan fatuo que más del 10% de sus votantes prefieren votar una opción laicista y de izquierdas, como es UPyD, antes que lo que él encarna. El PP perdió las pasadas elecciones gallegas por un solo diputado, presentando a un candidato veterotestamentario, por no decir cretácico, y aún así y con la que está cayendo, Rajoy no se ve con capacidad para recuperar la Xunta.

En el País Vasco, la situación es todavía peor desde el “maricidio”, o sea, desde la liquidación política y la humillación personal de María San Gil a manos del secuaz Lasalle. A partir de entonces, el PP del País Vasco anda buscando su sitio. Si bien sigue siendo lo más decente del panorama electoral vasco, no es menos cierto que no es lo que fue, ni lo que pudo haber sido si María siguiese al frente.

En ambos escenarios, Rajoy solo confía en el empeoramiento económico de la situación de aquí a marzo, para que sus votos se vean incrementados. Esto podría producirse si el PP hubiera planteado una batalla seria sobre cómo afrontar la crisis económica, pero habiendo adoptado una posición seguidista y acrítica con los disparates del Gobierno, parece poco probable que el votante normal vea al PP como la solución a la crisis, al menos por el momento.

Nombrando a Jaime Mayor ha querido ponerse la venda antes de que se produzca la herida, pero Rajoy lleva ya demasiadas derrotas y, lo que es peor, ninguna victoria. Su credibilidad como cartel electoral es inexistente, ni sus parientes confían ya en su futuro político. Ha buscado en Jaime Mayor un chivo expiatorio de la presumible derrota o de la victoria pírrica en las europeas. Aunque el tema tiene una segunda derivada, el mal resultado no sólo precipitará la salida de Rajoy, sino que permitirá que Gallardón dispute la sucesión con el ala seria del PP gravemente dañada. La situación de este partido es más preocupante de lo que se atisba.

La opción del mordacero de ayuntarse con Arriola y Gallardón lo convierte en el protagonista de aquellos versos de Darío:

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

Los nombres y apellidos de los personajes póngalos, al menos hoy, el lector.


Ni con Mayor Oreja

Enero 4, 2009

Por Juan Carlos Girauta

Si Rajoy desempolva a Mayor Oreja, a quien tenía metido en el cofre del olvido, será por algo. Desde que el gallego se ganó la desconfianza de María San Gil y Ortega Lara, quien quiera reconocer en el líder máximo un gesto inocente tiene que echarle muchas ganas. Las opciones de Rajoy desde su segunda derrota ante Zapatero no son necesariamente malvadas o estúpidas. De hecho, representan la visión política de mucha gente en la vasta no-izquierda española. Confesémoslo: de la mayoría, que no tiene ganas ni capacidad para discutir las premisas en que se apoya todo el imaginario español contemporáneo, que ya es más progre que los actores antisemitas, más progre que los autores de cabecera de Zapatero y más progre incluso que la jefa de prensa del PP, dispuesta a arrastrar a un periodista por los tribunales siempre que no sea de izquierdas.

Si Rajoy desempolva a Mayor Oreja para exhibirlo por los teatros de Europa, como el Dios muerto de los existencialistas, es porque espera uno de estos dos resultados: que el vasco triunfe, para apuntárselo él, o que el vasco fracase, para apuntárselo a él. La misma jugada podía haber hecho con Vidal-Quadras, otro exiliado de lujo a las adormideras bruselenses. Si el diez por ciento del voto popular ya se lo está llevando UPyD (ver informe de Instituto Noxa para La Vanguardia), la forma más rápida de detener la sangría es presentar a una Rosa Díez con barba y bigote. La cuestión es, ¿goza Rajoy del suficiente crédito? O, dicho de otro modo: ¿Se puede creer, a estas alturas de la decepción y a estas bajuras del arriolismo, en una vuelta del PP a la coherencia, al papel de oposición, a las ganas de luchar por las ideas, a la decencia política?

Tendrían que suceder demasiadas cosas. Que pidieran perdón a María San Gil por la luz de gas y las intoxicaciones, que se ganaran de nuevo a Ortega Lara, que reconocieran sus tremendos errores en el PPC, cuya ilusión tras la marcha de Piqué (que Rajoy vio, tocó y respiró en el acto del Hotel Princesa Sofía) han asfixiado y pisoteado. Que dejaran de escupir a los medios no sumisos del liberal-conservadurismo, que detuviera el lengüeteo con Prisa, que ya es de sonrojo. Demasiadas cosas. Además, Carmen Martínez Castro ha dado el pistoletazo de salida reventándole la Navidad y la tranquilidad a mi amigo Víctor Gago. Pues bien, señora: aquí estamos. Pues bien, Rajoy: ni con Mayor Oreja.


ESTE BLOG ES PRO MAGOS DE ORIENTE

Enero 1, 2009

CAMPAÑA DE APOYO Y SOLIDARIDAD CON NUESTROS QUERIDOS MAGOS DE ORIENTE, MARGINADOS Y OLVIDADOS GRACIAS A UN INVASOR GORDO Y SEBOSO PRODUCTO DEL CONSUMISMO COMPULSIVO, DE LA MAYOR MULTINACIONAL Y DE LA GLOBALIZACION.


Estos tres pobres venerables ancianos llevan dos mil años con su PYME, atendiendo únicamente al mercado español y sin intención de expandirse y están sufriendo una agresión que amenaza con destruirlos.
Reivindicamos la figura de los Magos de Oriente (que nunca fueron Reyes) porque:


Los Magos de Oriente son fashion total, su elegancia en el vestir no ha
pasado de moda en dos milenios.
Si no existiesen los Magos de Oriente, las vacaciones se acabarían el 2 de Enero.


Los Magos de Oriente son ecológicos, utilizan vehículos de tracción animal que con su estiércol contribuyen a fertilizar el suelo patrio (nada de trineos volando ni gilipolleces que no existen…)
Los Magos de Oriente generan un montón de puestos de trabajo entre pajecillos, carteros reales y multitud de gente que va en la cabalgata.


De Papá Noel puede hacer cualquier pelagatos, pero para hacer de Magos se necesitan al menos tres.
Los Magos de Oriente fomentan la industria del calzado y enseñan a los niños que las botas se deben limpiar al menos una vez al año. Por contra, el gordinflas exige que se deje un calcetín, prenda proclive a servir de acomodo de la mugre, cuando no de indecorosos ‘tomates’.
Los Magos de Oriente planifican concienzudamente su trabajo y se retiran discretamente cuando acaban la función.
Santa Claus vive en el Polo norte y por eso es un amargado, los Magos
son de Oriente, cuna de la civilización y por ello de una elegancia no
decadente.
Los Magos de Oriente tuvieron un papel destacado en la Navidad, Santa Claus es un trepa que trata de aprovecharse del negocio y que no participó en nada en los acontecimientos de la Navidad.
Los Magos de Oriente son de los poquísimos usuarios que mantienen en pie la minería del carbón en Asturias. No lo han cambiado por gas natural ni por bombillitas horteras.
Los Magos lo saben todo. Santa Claus no sabe otra cosa que agitar estúpidamente una campanita.


Santa Claus es un zoquete
que no respeta los sentimientos de los renos de nariz colorada. No hay documentado ningún caso de maltrato psicológico por parte de los Magos hacia sus camellos.
Los Magos de Oriente son agradecidos, siempre se zampan las golosinas que les dejamos en el plato.


Sin los Magos no se habría inventado el Roscón.
Finalmente, Santa Claus se pasa la vida diciendo ‘¡Jo, jo, jo!’. Risa
forzada y sin sentido. Señal de estupidez.


Empecemos la campaña en PRO DE NUESTROS QUERIDÍSIMOS Y ANTIQUÍSIMOS MAGOS DE ORIENTE, QUE VUELVAN A AFLORAR LAS TRADICIONES CON ARRAIGO CENTENARIO…
Todos los años por estas fechas sufrimos una agresión globalizadora en forma de tipo gordinflón, una manipulación de las mentes de los niños de España y del resto del universo.


Ese adefesio carente del más mínimo sentido de la elegancia en el vestir,
con aspecto de dipsómano avejentado y multirreincidente en el allanamiento de morada por el método del escalo, es un invento de la multinacional más multinacional de todas las multinacionales, Coca-Cola.


En los años 30, cogieron al San Nicolás de la tradición Nórdica, que
originalmente se paseaba vestido de obispo o de duende un tanto zarrapastroso y lo enfundaron en un atuendo con los colores corporativos
(rojo y blanco).

Desde entonces, generaciones de tiernos infantes de medio mundo han sido machacadas por la publicidad, alienándose hasta tal punto que piensan que un mamarracho publicitario representa todo lo bueno del ser humano.


REIVINDICAR LA IDENTIDAD NO ES RACISMO

Diciembre 16, 2008

                                                                                                  

POR JUAN PABLO VITALI
Cuando el hombre europeo reclama su identidad, se habla de racismo, y cuando todos los demás reclaman su identidad, se habla de la justa reivindicación de derechos conculcados.

¿Por qué esta diferencia?, se pregunta con su exquisita prosa habitual Juan Pablo Vitali.
En el último párrafo da la verdadera respuesta.
 
 
 
“Solo en los ciclos vitales de las culturas particulares, hay una significación profunda.
Las culturas son primero, luego vienen las relaciones. El pensamiento moderno juzga, empero, lo contario.”
Oswald Spengler
 
 
No poseemos ni siquiera el mero fundamento de una cultura, porque no estamos convencidos aún de estar provistos de una vida verdadera en nuestro interior.
 
Friedrich Nietzsche
 
Para mantener una identidad, debe existir el predominio de una cultura históricamente consolidada.
La identidad, es un patrimonio complejo, que recibe influencias y sufre transformaciones provenientes del exterior, o que son inducidas desde su interior, pero permanece fiel al acervo recibido, mientras la comunidad se mire en él, como en un espejo de conocimiento de sí misma.
La aceptación de influencias, está siempre sujeta a una discriminación, a la previa distinción de lo que se considera positivo, y de aquello que se considera negativo.
 
Hay que tener una identidad, para saber qué es compatible con nuestra personalidad, con nuestros valores y los de nuestra comunidad.
No discernir afinidades es no tener cultura.
Sólo cuando una cultura ha llegado a su final Lo igual e indeterminado puede avanzar destruyendo identidades que se forjaron por milenios.
Porque los hombres de una cultura en su etapa final ya no saben qué enriquece y qué destruye, qué fortalece y qué debilita, qué es compatible y qué no lo es. Prefieren no hacer ese esfuerzo, porque han llegado al final de su impulso vital. Cuando el núcleo profundo de una identidad ha dejado de funcionar, ya no hay discernimiento, sino sólo aceptación de lo ajeno.
 
Esa aceptación indiscriminada de lo ajeno, es la base de la ideología dominante.
El estado de anemia y de debilidad cultural también es propio de esa ideología, pero sólo para imponerlo a las grandes culturas, a las que han tenido o pueden tener todavía pretensiones trascendentes. En cambio, se protegen las identidades si son primitivas, o si resultan de ayuda para señalar a las culturas elevadas como opresión retrógrada, oscurantista o racial.
 
Así se dirige la “geopolítica cultural” del mundo. Es una dialéctica simple, que sólo puede utilizarse cuando se ha vaciado a los hombres de criterio y sobre todo –como en la novela de Orwell– cuando se está en posición de cambiar el pasado con total impunidad.
Este proceso afecta profundamente a la cultura europea, porque está dirigido principalmente contra ella, como cumbre de un milenario proceso cultural, producido por un tipo de hombre, comúnmente llamado indoeuropeo.
Esa identidad cultural –la nuestra– ya muy debilitada en la misma Europa, está presente también en toda América, Australia, y aún en África y en Asia, y es la única que podría oponerse, de conservar su fuerza vital y volviendo a sus raíces, a la ideología de la indiferenciación global, porque es la única que ha dado al hombre, en tanto persona, la altura adecuada para enfrentarla.
 
Por eso, cuando el hombre europeo reclama su identidad, se habla de racismo, y cuando todos los demás reclaman su identidad, se habla de la justa reivindicación de derechos conculcados.
 
No cabe duda, la indiferenciación de lo culturalmente superior es uno de los requisitos previos e indispensables para la dominación.
 

El racismo de los “antirracistas”

Diciembre 14, 2008

                                                                                     

JAVIER RUIZ PORTELLA

La cosa está en Francia que arde. Eric Zemmour, famoso periodista, célebre por sus polémicas en contra del espíritu (¿?) “políticamente correcto”, autor, entre otros, de un libro en el que con fino humor ironiza sobre el feminismo y sus despropósitos (traducido en España por Áltera con el título de “Perdón, soy hombre”), se atrevió el pasado 23 de noviembre a afirmar que él pertenecía a la raza blanca y que una señorita del Senegal, de hermosa piel azabache, sentada frente a él en el plató de televisión, pertenecía a la raza negra. ¡La que se armó!

Sucedió en el programa “París/Berlín” de la cadena Arte. En un momento dado, Zemmour explicó: “Tengo la impresión de que la sacralización de las razas del periodo nazi se ha visto sustituida por la negación de las razas. Y, a mi juicio, es tan ridículo lo uno como lo otro. Significa pensar que las razas no existen. Y de sobra se ve que sí existen.”
Ante lo cual, Rokhaya Diallo, la senegalesa, una activista de una asociación “antirracista”, le espetó: “¿Y cómo se ve? No comprendo lo que usted ve”.
“Pues, hombre —le contestó Zemmour—, se ve por el color de la piel. Así de sencillo.”
¡Horror para la francesa de padres senegaleses!:
“Entonces, para usted, el color de la piel hace que yo pertenezca a una raza distinta de la suya, ¿no?”
Convencido de que le habían preguntado si, a su juicio, dos más dos son cuatro, o si el hielo es más frío que el fuego, el pobre Zemmour, cavando su propia tumba, contestó: “Evidentemente. Yo pertenezco a la raza blanca, y usted pertenece a la raza negra”.
¡Vade retro Satanás! Horror de horrores. ¡Volvió Hitler por boca de este hombre…, que además es judío! “La red de amistades de que dispone Zemmour, ¿permitirá que escape a su castigo un tipo que en pleno 2008 considera que hay ‘razas’ fácilmente reconocibles por el color de la piel?”, se pregunta muy en serio Bruno Roger-Petit, cronista de la cadena de televisión Europe 1.
Y la jauría de lobos sigue aullando. El MRAP (Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos) proclama: “Con sus declaraciones intolerables, Zemmour justifica y participa peligrosamente en la rehabilitación de los defensores de las razas humanas, así como en banalizar de hecho la ideología ‘racisante’ (sic)”.
Sigamos, que aún hay más. Telerama, una difundidísima y popular revista sobre programas de la tele, apostrofa a Eric Zemmour con estas palabras: “Cuando afirma que ‘las razas existen, por supuesto’, así como ‘la jerarquía de las culturas’, usted sabe perfectamente que está dando lustre, en la memoria subliminal nacional (sic), a la alfombra parda de un pensamiento racista amordazado desde hace cincuenta años”.
Siendo así las cosas, se impone manifiestamente perseguir al malhechor. “No se puede tolerar —declara el presidente de la Asociación Internacional de Sociología— que se pronuncien en el espacio público, y menos aún en una prestigiosa cadena de televisión, palabras como las de Eric Zemmour.” Por ello, el representante del CRAN, Consejo Representativo de las Asociaciones Negras (al menos éstos aún dicen “negras”, no “subsaharianas”) exige “una sanción inmediata por estas palabras racistas; y si no se da tal sanción, interpondrá querella ante los tribunales”.
Una querella contra Zemmour por «haberse permitido defender la existencia de varias razas dentro de la especie humana, distinguiendo especialmente una “raza negra” y una “raza blanca”», según declara el presidente de SOS Racisme, que no podía evidentemente faltar.
Uno se queda sin palabras. Todo esto sería un asunto propio de hospital psiquiátrico, todo esto sería incluso para desternillarse de la risa si, debajo tanta estupidez, no latiera el más conspicuo de los racismos. El único hoy promovido: el racismo contra la raza blanca, culpable de todos los crímenes.
¿O no gritaría, acaso, el Consejo Representativo de las Asociaciones Negras si se creara, por ejemplo, un Consejo Representativo de las Asociaciones Blancas? ¿No vería tal vez en ello la peor provocación racista?
Da igual que ni Zemmour ni nadie efectúe el menor juicio de valor sobre las diferencias entre razas. Basta mencionar el hecho objetivo, tan irrebatible como que de noche hay oscuridad. La mera mención de la raza les saca de sus casillas. Ninguna raza, ninguna diferencia, ninguna identidad étnica, racial o cultural  existe para ellos. Y, sin embargo, las razas orientan todos sus sentimientos, toda su razón de existir, todas sus manías, todas sus obsesiones, todos sus fantasmas…
Todo el desprecio de sí mismos (por lo que a los blancos se refiere), todo su profundo “etnomasoquismo”, como diría Guillaume Faye.
Toda su incapacidad de hacer suyas, por ejemplo, estas palabras del general De Gaulle: “Está muy bien que haya franceses amarillos, franceses negros, franceses morenos. Muestran que Francia está abierta a todas las razas y tiene una vocación internacional. Pero a condición de que sigan siendo una pequeña minoría. Si no, Francia dejaría de ser Francia. Somos ante todo, no se olvide, un pueblo europeo, de raza blanca, de cultura griega y latina y de religión cristiana”.